Iglesias Cristianas de Dios

 

[146]

 

 

 

 

Los Frutos del Espíritu Santo [146]

(Edición 2.0 19951104-20000902)

 

 

Después del estudio titulado El Espíritu Santo [117], seguimos desarrollando los conceptos del artículo del Espíritu Santo y su relación dentro de la Divinidad. Desde la comprensión de esta posición, se hace posible comprender más correctamente, a partir del texto bíblico, su propósito y, desde ahí, su producto acabado en los elegidos.

 

 

 

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Los Frutos del Espíritu Santo [146]

 

 


Después del estudio titulado El Espíritu Santo [117], seguimos desarrollando los conceptos del artículo del Espíritu Santo y su relación dentro de la Divinidad. Desde la comprensión de esta posición, se hace posible comprender más correctamente, a partir del texto bíblico, su propósito y, desde ahí, su producto acabado en los elegidos.

 

Para comprender al Espíritu Santo es preciso comprender a Dios y a Cristo y las relaciones implicadas. Este texto simplifica, en parte, el estudio El Espíritu Santo [117]. Varios estudios han sido escritos sobre quiénes son Dios y Cristo que deben ser estudiados. Brevemente, Dios el Padre:

 

·        es la Deidad Suprema del Universo.

 

·        Él es el Todopoderoso, el Creador y el Proveedor del cielo, de la tierra, y de todo lo que comprenden (Génesis 1:1; Nehemías 9:6; Salmo 124:8; Isaías 40:26,28; 44:24; Hechos 14:15; 17:24-25; Apo. 14:7).

 

·        sólo Él es inmortal (1Timoteo 6:16).

 

·        es nuestro Dios y nuestro Padre y el Dios y el Padre de Jesucristo (Juan 20:17).

 

·        es el Dios Altísimo (Génesis 14:18; Números 24:16; Deut. 32:8; Marcos 5:7) y

 

·        es el Único Dios Verdadero (Juan 17:3; 1Juan 5:20).

 

Jesús, el Hijo de Dios:

 

·        es el primer ser engendrado (prototokos) de la creación (Colosenses 1:15)

 

·        de ahí, es el comienzo (arche) de la creación de  Dios (Apo. 3:14).

 

·        es el único (monogene) Hijo de Dios nacido (Mateo 3:17; Juan 1:18; 1Juan 4:9), concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen, Mariam o María (Lucas 1:26-25).

 

·        es Cristo o el Mesías (Mateo 16:16; Juan 1:14).

 

·        fue enviado por Dios para ser nuestro Salvador y Redentor (Mateo 14:33; Juan 8:42; Efesios 1:7; Tito 2:14).

 

·        es llamado el Hijo de Dios el Altísimo (Marcos 5:7).

 

El Espíritu Santo:

 

·        es esta esencia o poder de Dios que Cristo prometió enviar a los elegidos (Juan 16:7).

 

·        es la extensión de la potencia vivificadora  de Dios, el medio por el cual participamos de la Naturaleza Divina (2Pedro 1:4), siendo llenos del Espíritu Santo (Hechos 9:17; Efesios 5:18) y, de ahí, todos somos Hijos de Dios (Job 38:7; Romanos 8:14; 1Juan 3:1-2) y coherederos con Cristo (Romanos 8:17; Gálatas 3:29, Tito 3:7; Hebreos 1:14; 6:17; 11:9; Santiago 2:5; 1Pedro 3:7).

 

·        Dios lo entrega a los que lo piden (Lucas 11:9-13) y a los que Le obedecen, residiendo en aquellos que observan Sus mandamientos. (1Juan 3:24; Hechos 5:32).

 

·        es él que consuela y que conduce a los servidores de Dios a toda la verdad (Juan 14:16-17,26).

 

·        confiere el poder de testificar (Hechos 1:8).

 

·        administra los dones enumerados en 1Corintios 12:7-11.

 

·        tiene los frutos descritos en Gálatas 5:22-23.

 

·        se da sin medida (Juan 3:34; Romanos 12:6).

 

·        es el medio por el que Dios puede finalmente volverse todo en todos (1Corintios 15:28; Efesios 4:6).

 

·        obra antes del bautismo y nos atrae hacia Dios a través de Cristo (Hebreos 7:25).

 

Estas Escrituras deben estudiarse cuidadosamente. Sin una comprensión clara del Dios que adoramos, es imposible comprender plenamente Su voluntad. Sin la comprensión de la voluntad de Dios, es imposible satisfacerle y seríamos por eso incapaces de entrar en el Reino de Dios en la primera resurrección. El Espíritu Santo es el medio por el que somos capaces de comprender la Biblia y, en la Biblia, Dios revela Sus directivas y Sus planes para nosotros.

 

Dios es espíritu y Él ha existido siempre. Sólo Dios es inmortal (1Timoteo 6:16). En Apo. 3:14, Cristo dice que él es el principio de la creación de Dios. Cristo fue la primera actividad de la creación de Dios de su generación y, luego, toda la creación tuvo nacimiento en él y fue hecha por él. El concepto del tiempo comenzó con la relación entre dos seres, por eso, Cristo es el principio de los elohim. La generación de los elohim inició el tiempo. Jesucristo no era el único Hijo de Dios antes de la fundación del mundo, había varios (Job 1:6; 2:1; 38:7). Satanás era uno de los hijos de Dios. Igual que los otros hijos de Dios, Satanás tenía acceso inmediato al trono de Dios. La Biblia es completamente clara en que Satanás estaba presente en el proceso de Job en la cámara del trono de Dios.

 

Cristo no era tampoco la única Estrella de la Mañana; había varias de ellas. Eran todos hijos de Dios, por y a través del Espíritu Santo (Lucas 11:9-13). El Espíritu Santo es la potencia o la esencia por la que Dios obra. Cuando Cristo dijo que estaba en Dios y Dios en él (Juan 17:21-23), era posible por medio del Espíritu Santo. Del mismo modo, cuando recibimos el Espíritu Santo en el bautismo, Dios está en nosotros y Cristo está en nosotros y, así, Dios se convierte en todo en todos (Efesios 4:4-6).

 

Es muy importante que comprendamos que hay un solo Dios y Padre de todos.

 

Las Etapas para recibir al Espíritu Santo

 

Antes del bautismo, el Espíritu Santo actúa con nosotros, atrayéndonos hacia Dios a través de Cristo (Hebreos 7:25). Cuando nos arrepentimos y nos bautizamos, recibimos el Espíritu Santo en nosotros mismos, por medio de la imposición de manos de uno de los ministros de Dios. La imposición de las manos no confiere por sí misma una autoridad. El proceso significa simplemente que un oficial de la iglesia aprueba la petición del individuo para recibir al Espíritu. El anciano no tiene ningún poder intrínseco por y en él mismo. El anciano pide simplemente que el Espíritu actúe. El Espíritu ayuda entonces al individuo a ponerse a obrar. Esto representa el comienzo real de nuestra formación. Por el bautismo y la llegada del Espíritu Santo, nos calificamos para el comienzo de nuestra formación. Recibimos el armamento real inicial con él que podemos convertirnos en soldados de Dios. Dicho de otro modo, recibimos nuestro fusil o el sistema con él que debemos funcionar. Varios creyeron, particularmente en el siglo XX, que su salvación se asegura, una vez que se bautizan y que forman parte de la iglesia. Piensan simplemente que no tienen otra cosa que hacer. De hecho, varios se decepcionan de estudiar y probar todas las cosas. Nos damos cuenta ahora que esto no es así. Nosotros recibimos el Reino de Dios a través del Espíritu Santo por la gracia, no por los méritos o las obras. Sin embargo, no conservamos el Reino de Dios sin esfuerzo o sin obras de obediencia. Ésta es una distinción crítica y generalmente mal comprendida. A partir de este punto, nos obligamos a estudiar la Biblia y a aprender todo lo que podemos. Cristo dijo que su alimento era cumplir la voluntad de Dios y acabar Su obra (Juan 4:34); debe ser así también para nosotros. Cristo dijo también que debemos vivir de toda palabra de Dios (Mateo 4:4). La Biblia se convierte por eso en nuestro manual de instrucción, un oráculo vivo, que puede ser comprendido solamente mediante el Espíritu Santo.

 

El Espíritu Santo nos lleva a toda la verdad (Juan 14:17; 16:13; 1Juan 4:6; 5:6) y, al decir la verdad en todas las cosas, nos criamos a la imagen de Cristo, nuestro ejemplo y líder en todas las cosas. El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios (Romanos 8:14), el Espíritu de la fe (2Corintios 4:13) que observa todas las cosas y conoce todas las cosas (1Corintios 2:10-11; 12:3 y siguientes) y él es el medio por el que nos convertimos en hijos de Dios (o sea elohim). A través de Jesucristo, nuestro mediador, permite a Cristo que nos ayude, nos enseñe y nos consuele, permitiéndonos ejercer el poder de Dios y concediéndonos los dones del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23). Hemos sido juntados, cada uno con sus habilidades y características particulares, para realizar Su obra que no podemos llevar a cabo eficazmente solos (1Corintios 12:7-31). Somos bautizados en el Cuerpo de Cristo (siendo Cristo la cabeza), y no en cualquier denominación o secta. Cristo es la cabeza, nosotros somos el cuerpo. El Espíritu Santo es la sangre que mantiene vivo el cuerpo y la cabeza y que le permite funcionar como un todo. Del mismo modo que Israel siguió la columna de fuego y la nube (el Ángel de Yahovah o Jéhovah) en el desierto, debemos también seguir a Cristo por todas partes por las que nos guíe. Él es el elohim a nuestra cabeza (Zacarías 12:8). Si la iglesia a la que pertenecemos no predica según la ley y los profetas, Cristo no estará allí, y tenemos la responsabilidad de buscarlo y de seguir sólo a él. Somos llamados desde fuera del mundo a una vida de servicio y de dedicación. Muchos son los llamados pero pocos los elegidos (Mateo 20:16; 22:14). Los elegidos (los que observan todos los mandamientos de Dios) han sido escogidos, del mismo modo que Cristo fue elegido por Dios (Lucas 23:35).

 

Los elegidos son escogidos por Cristo (Juan 6:70; 15:16,19) bajo la dirección de Dios (1Pedro 2:4). Por lo tanto, Dios nos da a Cristo; y entonces, se nos conceden los misterios de Dios y el Reino de Dios (Marcos 4:11).

 

El Espíritu da a conocer la voluntad de Dios, siendo el mecanismo por el que podemos hablar a Dios, por medio de la oración a través de Cristo. Él inicia nuestra comprensión a la Palabra de Dios y, por la fe, nos permite convertirnos en elohim, lo mismo que es Cristo a nuestra cabeza (Zacarías 12:8).

 

Los Frutos del Espíritu Santo

 

El Espíritu no es simplemente un ser, como lo sugieren varios que se llaman Cristianos. En el momento que decimos que es una tercera persona de la Divinidad, rechazamos su acción en nosotros. Lo divorciamos en un cierto tipo de Dios y nos colocamos en un artículo subalterno de Jesucristo de tal manera que somos diferentes de, y nunca podemos conseguir, la posición de hijos de Dios, lo que no es correcto. El Espíritu Santo es una potencia y un atributo de Dios que nos proporciona poder. Dios nos concede Su Espíritu a fin de que podamos participar de Su naturaleza (2Pedro 1:3-4).

 

Pedro dice que:

 

2Pedro 1:3-4 3 Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; 4 por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones. (RV)

 

En consecuencia, Dios nos ha llamado para Su propia gloria y excelencia haciéndonos participantes de Su Espíritu para que podamos conocerlo. El Espíritu nos permite asimismo participar en todas las cosas que se refieren a la vida y a la piedad. De la misma manera, fue el Espíritu Santo quien concedió a Cristo su don de piedad. El Espíritu nos empuja a actuar. En consecuencia, el Espíritu Santo debe poseer frutos. Estos frutos son dignos de arrepentimiento (Lucas 3:8). Son los frutos o el fruto de la justicia (Filipenses 1:11). Como dijo Pablo, un atleta no es coronado, a menos que rivalice según las reglas. Existen reglas para la retención del Espíritu Santo. No podemos obtener esta corona a menos que sigamos estas reglas.

 

2Timoteo 1:6-14 6 Por eso te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos,  7 porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios. 9 Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos...

 

El hecho es que Dios nos llama a Su Reino para Su propio fin y no por lo que somos. Somos llamados para trabajar. Dios nos coloca en el cuerpo para hacer un trabajo. Respetamos los términos del acuerdo, y garantizamos que formaremos parte de la primera resurrección por medio del trabajo, una vez que hayamos sido llamados y hayamos recibido el Espíritu Santo. Pero es también necesario producir los frutos de la justicia en el Espíritu Santo observando los mandamientos de Dios y manteniendo el testimonio de la fe de Jesucristo. Así es como nos calificamos. La gracia de Dios fue concedida a Jesucristo. Él no poseía la gracia de Dios intrínsecamente por sí mismo.

 

10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio...

 

Sólo Dios es inmortal pero fue Cristo quien abolió la muerte con sus actos y que manifestó la inmortalidad. Podemos adquirir la inmortalidad a causa de Cristo. Cristo se calificó y recibió la inmortalidad que del mismo modo también se nos ofrece a todos nosotros.

 

11 De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles, 12 por lo cual asimismo padezco esto. Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día...

 

Dicho de otro modo, el Espíritu Santo guarda los misterios de Dios hasta el Día del Señor. Lo que fue confiado a Pablo no morirá. Será guardado por el Espíritu Santo, y ya está sellado en la Biblia. Nadie puede destruir la Biblia. Es una orden de Dios. Nosotros tenemos la palabra inspirada de Dios.

 

13 Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. (RV)

 

En consecuencia, el primer fruto del Espíritu Santo es la conservación de la verdad. Es el fin y el objetivo primario. El Espíritu Santo es un espíritu de poder, de amor y de maestría por sí mismo. Por lo tanto, los frutos evidentes, según este texto, se conceden para el primer fin del elegido, que es la preservación de la verdad como primer aspecto de la justicia. Otro fruto, que veremos más tarde, es la Misericordia (Santiago 3:17). Los elegidos adoran al Padre en Espíritu y en Verdad (Juan 4:23-24). La verdad es central en la adoración de Dios. No podemos adorar a Dios a menos que Lo adoremos en el Espíritu Santo en la verdad. El Espíritu Santo es el medio por el que conservamos la verdad. El fruto central es nuestra capacidad, en primer lugar, de adorar al Único Dios Verdadero. La capacidad de adorar a Dios el Padre confiere al Espíritu Santo la capacidad de mostrar sus frutos. Debemos pues conservar nuestra capacidad de trabajar y de adorar para conservar la verdad. El testimonio del espíritu y de los profetas y, por consecuencia, de los elegidos es la verdad (Juan 5:33). Sólo la verdad nos puede liberar (Juan 8:32). Satanás cayó porque no vivía en la verdad (Juan 8:40).

 

Juan 8:31-47 31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Descendientes de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de Abraham; sin embargo intentáis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto estando junto al Padre, y vosotros hacéis lo que habéis oído junto a vuestro padre. 39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. 40 Pero ahora intentáis matarme a mí, que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios. No hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: ¡Nosotros no hemos nacido de fornicación! ¡Un padre tenemos: Dios! 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, entonces me amaríais, porque yo de Dios he salido y he venido, pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla, pues es mentiroso y padre de mentira. 45 Pero a mí, que digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios. (RV)

 

El mundo resiste la verdad de Dios. Mataron a Cristo e intentan matar a sus discípulos y simpatizantes. Es así porque el espíritu carnal es hostil hacia Dios (Romanos 8:7).

 

Romanos 8:1-8 1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,  los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, 2 porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, 7 por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. (RV)

 

La ley se debilita por la carne. La ley sólo puede observarse por medio del Espíritu Santo. El Espíritu Santo no debilita la ley sino que la refuerza. La ley se observa en espíritu y en verdad. La búsqueda de las cosas del Espíritu procura la vida y la paz. El espíritu que busca las cosas físicas es hostil a Dios y a Su ley. El espíritu físico no convertido puede identificarse por la afirmación de que las leyes de Dios no tienen que ser observadas. Las falsas religiones de este mundo tratan de aminorar la intención y el poder de la ley.

 

La cólera de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad y toda injusticia de los hombres que impiden injustamente la verdad (Romanos 1:18).

 

Pablo dice que estas personas no han guardado la verdad y se equivocaron sobre la Divinidad. La Naturaleza de Dios era la base del error en la Iglesia de Roma y es allí donde esta doctrina se adoptó. Suprimieron el Sábado y adoptaron esta estructura Modalista. Fue la presión del sistema romano la que llevó a los griegos a colocar a Jesucristo en pie de igualdad con Dios y fueron ellos los que crearon este proceso idólatra.

 

La idea principal del capítulo 1 de Romanos es la defensa contra la falsa religión que trata de atacar a la divinidad y cambiar la verdad de Dios. Por esa razón se entregaron a pasiones infames (Romanos 1:25-27). Esta herejía ya era endémica en Roma.

 

Sabemos que el Padre dice y es la verdad y que nos vuelve más fuertes por el Espíritu de la Verdad (Juan 14:17; 15:26; 16:13). El Espíritu de la verdad nos guía hacia toda la verdad (Juan 16:13). Somos santificados por la verdad (Juan 17:17-19). Cristo dio testimonio de la verdad y los que pertenecen a la verdad comprenden su voz (Juan 18:37).

 

La persona que no ama la verdad, miente pero ningún mentiroso es admitido en el Reino de Dios (Apo. 21:8). Todos son mentirosos (Salmo 116:11). Nosotros somos pues llamados para arrepentirnos de esta locura. En consecuencia, es primordial que nos acojamos a la verdad y que desarrollemos los misterios de Dios, siendo empujados por la verdad. La verdad no es sólo un concepto. La verdad debe dirigir nuestros actos. Si no nos movemos por la lógica de lo que leemos en la Biblia, es que no pertenecemos a la verdad.

 

Todos nosotros hemos pecado pero el arrepentimiento es una exigencia a fin de que conservemos el Espíritu. Para conocer a Dios, debemos guardar los Mandamientos; de otra manera, mentimos y la verdad no está en nosotros.

 

1Juan 2:4-5 4 El que dice: Yo lo conozco, pero no guarda sus mandamientos, él tal es mentiroso y la verdad no está en él. 5 Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. (RV)

 

En consecuencia, la observancia de los mandamientos es esencial para mantener la verdad, y de ahí, el primer objetivo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo requiere la acción tras esta comprensión de la verdad. Estudiar la palabra de Dios y no inclinarse a actuar según la verdad es pues indicativo de un religioso de pasatiempo. Un religioso de pasatiempo es alguien que oye la palabra de Dios pero que no se siente obligado por ella, tratándola más bien como un ejercicio académico. Cristo obra en cualquier lugar del planeta. Todos nosotros tenemos la obligación de identificar lo que pertenece al Espíritu de la verdad y de obrar para esta verdad.

 

Debemos reunirnos y trabajar para apoyar la obra de Dios. Esta obra se identifica por la verdad. Cada uno de nosotros debe hacerse esta pregunta primordial: ¿Cristo aprobaría lo que yo hago y es que yo hago bastante para difundir el evangelio del Reino de Dios? Si no apoyamos una obra que hemos identificado como que es la más próxima a la verdad, estamos en serio peligro de ser religiosos de pasatiempo, y así no entraremos en el Reino de Dios.

 

Le siguiente fruto del Espíritu Santo es el Amor

 

El concepto entero de trasgresión de la ley y de expiación por el pecado se contemplaba en el Antiguo Testamento. Sin expiación, no se puede recibir el Espíritu Santo. Esta expiación debía venir del Ejército angélico, según se ve en Job 33:19-30.

 

Job 33:19-30 19 También en su cama es castigado el hombre con fuerte dolor en sus huesos. 20 Entonces su vida aborrece el pan y su alma la comida suave. 21 Su carne desfallece y desaparece a la vista, y sus huesos, que antes no se veían, aparecen. 22 Su alma se acerca al sepulcro y su vida a los que causan la muerte. 23 Pero si el hombre tiene a su lado algún elocuente mediador, muy escogido, para anunciarle su deber 24 y decirle que Dios tiene de él misericordia, que lo libra de descender al sepulcro, que hay redención para él, 25 entonces su carne será más tierna que la de un niño y volverá a los días de su juventud. 26 Entonces orará a Dios y obtendrá su favor. Verá su faz con júbilo,  y él restaurará al hombre su justicia. 27 Porque él mira sobre los hombres, y si uno dice: "He pecado y he pervertido lo recto, pero de nada me ha aprovechado", 28 Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz. 29 Todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, 30 para apartar su alma del sepulcro y para iluminarlo con la luz de los vivientes. (RV)

 

El mediador para el hombre es un ángel, uno entre mil. Esto indica un ángel de la administración central. El mediador que dio su vida y su poder, fue Cristo. Esta reducción de rango y esta expiación fue anotada ya en el libro de Job. Se convirtió en el segundo gran acto de amor y esto indicaba el fruto del Espíritu Santo en la ejecución del Plan de Dios. El primer gran acto de amor fue la creación de los elohim o bene elohim, los Hijos de Dios, por Dios, para que se reprodujera. Uno de entre ellos debió morir para salvar a la humanidad y reconciliar al Ejército con Dios.

 

La Redención de la humanidad es continua y vemos aquí que no se limita a una ocasión. Se produjo dos o tres veces. Dios admite pues la debilidad de los hombres en la Redención del Ejército. Nuestro mediador es el Mesías que obró por amor a Dios y a sus hermanos.

 

La cuestión entera del amor se basa en el amor a Dios, es decir, en el Primer Gran Mandamiento. En consecuencia, los cuatro primeros de los diez Mandamientos constituyen una clave necesaria en la comprensión del amor a la humanidad. La verdad es pues esencial, no solamente para la comprensión de la fe, sino también para una comprensión de Dios mismo y, así, la retención del Espíritu Santo. No es suficiente de reconocer a Jesucristo como el señor. A menos que cumplamos la voluntad del Padre en el cielo, no entraremos en Su Reino (Mateo 7:21). Si cumplimos la voluntad del Padre, viviremos para siempre (1Juan 2:17). Los santos son los que observan los mandamientos de Dios y que guardan el testimonio de Jesús, el Mesías (Apo. 12:17). Los 144.000 no tienen ninguna mentira en la boca (Apo. 14:5). Estos y los elegidos son los santos que observan los mandamientos de Dios y guardan la fe de Jesús (Apo. 14:12). Los que lavan sus ropas (RV) (los que observan los mandamientos de Dios (KJV)) tienen derecho (están autorizados) al Árbol de la Vida y a entrar en la Ciudad de Dios. Entre los que se quedan fuera, están los que aman la mentira y la practican (Apo. 22:14-15).

 

La Ciudad de Dios es un edificio espiritual. En la descripción de la ciudad se simbolizan los frutos y la acción del Espíritu en el Ejército. Las piedras preciosas y los metales representan los aspectos del Espíritu. Las perlas de gran valor están bajo el control de los doce jueces de Israel. En consecuencia, la sabiduría del Espíritu, que tiene su origen en la verdad, es central para la entrada en la Ciudad de Dios (Apo. 21:10 hasta 22:5 y el estudio La Ciudad de Dios [180]).

 

El Amor como fruto del Espíritu Santo

 

El producto del amor en el Espíritu Santo tiene varios subproductos que lo identifican.

 

1Corintios 13 Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe...

 

Aquí, la simple profesión de fe no es suficiente. No es suficiente nombrar a Cristo como Señor. Debe acompañarse con obras. Con nuestras obras, mostramos nuestra fe (Santiago 2:18). Sin las obras, la fe está muerta (Santiago 2:26). La fe se perfecciona con las obras (Santiago 2:20,22). Las obras, que perfeccionan la fe, se basan en el amor.

 

2 Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve...

 

La fe, que conoce todo y que es capaz de mover montañas, no tiene ninguna utilidad por sí misma. Incluso entregar su vida por malas razones y no por amor, sino para elevarse a sí mismo, no sirve para nada.

 

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia;  el amor no es jactancioso, no se envanece, 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta...


La paciencia y la bondad, que ilustran al Espíritu Santo, no demuestran arrogancia o rudeza hacia los otros. Dios actúa a través de nosotros por el Espíritu Santo. Las personas ven lo que es Dios al mirar lo que nosotros hacemos y entonces tienen una idea de los que Dios quiere que sean. Por eso, el mundo en general, juzga las acciones del Espíritu Santo y, esencialmente, el amor de Dios. El amor, en el contexto del Espíritu Santo, debe ser el tipo de amor a través del que puede mostrarse Dios. El amor no se impone. No es irritable tampoco o lleno de resentimientos. Es necesario tener un respeto verdadero hacia la otra persona para demostrar esas características de paciencia y bondad.

 

Al contrario, unas características negativas tales como la arrogancia, la rudeza, la irritación y el hecho de estar lleno de resentimientos no demuestran tal respeto. El concepto de alegrase por el derecho es el tipo de triunfo demostrado cuando un amigo tiene éxito en alguna cosa. El elegido puede pues demostrar placer verdadero cuando otro ha tenido éxito. Cuando alguien sale del error, hay una gran alegría en el cielo; debe ser lo mismo entre nosotros. Por esta razón, nosotros soportamos todo, esperamos todo y creemos todo. Soportamos todas las cosas para la gran gloria de Dios, porque estamos dedicados a Dios y a nuestro prójimo en el amor. Si no amamos al prójimo que hemos visto, ¿cómo podemos amar a Dios a quien no hemos visto? Demuestren con un aspecto el potencial y la realidad del otro aspecto. Por amor, sirvan y amen a su prójimo como a sí mismos (Gálatas 5:13-14). Amen también la verdad y se salvarán (2 Tesalonicenses 2:10).

 

8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas y el conocimiento se acabará. 9 En parte conocemos y en parte profetizamos; 10 pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (RV)

 

La naturaleza incesante de nuestro amor por Dios es exactamente igual al don de la vida eterna. Por eso sin la continuidad del uno no se puede tener la continuidad del otro. El concepto del fin de la profecía está unido a la unión y al conocimiento perfecto, que se deben a la participación en el Espíritu Santo. Desde este aspecto, compartimos la Divina Presencia. Por eso, los elegidos compartirán finalmente el conocimiento anticipado perfecto con Dios. A partir de ahí, la profecía cesará. La comunión perfecta, que proviene de la naturaleza divina, deja a las lenguas y a la palabra sin utilidad. Se nos concederá una lengua enteramente nueva. Las lenguas acabarán porque se nos dará una lengua para comunicarnos y será a un nivel espiritual. Las lenguas acabarán pero nuestro amor por Dios será central para lo que seremos, después de que las profecías, el conocimiento y las lenguas hayan acabado. El conocimiento perfecto eliminará el concepto de no saber y, de ahí, el conocimiento como término, que implica asimismo ausencia, cesará. Conoceremos igual que somos conocidos (1Corintios 13:12). Nuestro conocimiento y nuestra comprensión son imperfectos e inmaduros. En la primera resurrección, veremos a Dios cara a cara, en términos espirituales. El mundo espiritual se expondrá en todo su poder. Solo puede verse y compartirse en el amor. Sin amor, el individuo está destinado a la segunda resurrección para que vuelva a aprender y a formarse y así poder participar de ello.

 

La comprensión perfecta está pues fundada en el amor a Dios. Por el Espíritu Santo, somos capaces de desarrollar el amor verdadero y perfecto que se nos exige. Este amor se demuestra por la fe bajo la adversidad. En consecuencia, los aspectos de la fe, de la esperanza y del amor son aspectos estrechamente ligados al Espíritu Santo, pero el amor es el mayor de estos aspectos.

 

Los frutos del Espíritu de Gálatas

 

Gálatas 5:22-23 22 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. (RV)

 

Gálatas 5:22-23 22 Pero el fruto del Espíritu es el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la fidelidad, 23 la dulzura, el dominio de sí mismo. La Ley no condena tales cosas. (BDS-IBS)

 

Del amor fluye la siguiente serie de frutos del Espíritu Santo.

 

La Alegría

 

La alegría se deriva del cumplimiento de un aspecto del Plan de Dios, experimentado por el individuo, sea por la comunión con Dios o a través de las obras de un individuo en comunión con Dios. La verdadera alegría no puede ser experimentada más que a través del amor. La alegría que proviene de la autosatisfacción es transitoria, siendo física.

 

La Paz

 

La paz proviene de la relación perfecta que se deriva del amor de Dios y de la esperanza y la fe que se fundan en Él. A partir del amor a Dios, experimentamos el amor a nuestro prójimo, que es el Segundo Gran Mandamiento.

 

Los que aman al Señor tienen una gran paz. Dios es un Dios de Paz (Romanos 16:20; Filipenses 4:9). Dios nos llama a la paz (1Corintios 7:15). Él destruye a Satanás; nosotros no necesitamos hacerlo. La inclinación espiritual procura la vida y la paz (Romanos 8:6). La paz viene de Dios, nuestro Padre (Romanos 1:7; 1Corintios 1:3; Gálatas 1:3; Colosenses 1:2; 1 Tesalonicenses 1:1; 2Tes. 1:2; Tito 1:4; Filemón 1:3). Los que no obedecen a Dios son por eso incapaces de tener paz. La paz es un atributo de la obediencia. No hay ninguna paz para el malvado, dice mi Dios (Isaías 57:21). Por eso, la paz que no se base en la palabra de Dios, fracasará. Declaran la paz pero el desastre vendrá sobre ellos irremisiblemente. El texto de Isaías 57:19-21 está unido a toda la cuestión de las Bendiciones  y de las Maldiciones del Deuteronomio 28 (ver el estudio Las Bendiciones y las Maldiciones [075]).

 

Isaías 57:19-21 19 Produciré fruto de labios: Paz, paz para el que está lejos y para el que está cerca, dice Jehová. Yo lo sanaré. 20 Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto y sus aguas arrojan cieno y lodo. 21 ¡No hay paz para los impíos, ha dicho mi Dios. (RV)


Nosotros hemos sido llamados asimismo a tener matrimonios pacíficos. En tanto que nuestros cónyuges consienten en vivir con nosotros, deberíamos esforzarnos en crear la paz en nuestras casas. A menudo, esto es muy difícil, pero no hay ninguna prueba que no seamos capaces de soportar o algo de lo que Dios no nos salva.

 

La Paciencia

 

La paciencia es esencial para dar fruto del Espíritu Santo. Cristo abordó este problema en la parábola del Sembrador.

 

Lucas 8:15-18 15 Pero la que cayó en buena tierra son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. 16 Nadie enciende una luz para después cubrirla con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entren vean la luz. 17 Así nada hay oculto que no haya de ser descubierto, ni escondido que no haya de ser conocido y de salir a la luz. 18 Mirad, pues, cómo oís, porque a todo el que tiene, se le dará, y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará. (RV)

 

Lo que dice es que, cuando trabajamos y estudiamos con el Espíritu Santo, cada vez tenemos más. Si no trabajamos, no estudiamos y no desarrollamos el Espíritu Santo, cada vez tendremos menos. La paciencia se nos escapa. Por eso debemos orar, estudiar, ayunar y trabajar para el Reino de Dios para conservar el Espíritu Santo y crecer con lo que hacemos.

 

Escuchar la palabra es previo a guardar la palabra. La palabra constituye los mandamientos de Dios y el testimonio de Cristo. A partir de la comprensión de la palabra y de su adhesión, se manifiesta el fruto del Espíritu Santo. En consecuencia, la actividad, que resulta de escuchar y de cumplir la palabra de Dios, declara el Espíritu. Toda acción, tanto buena como mala, se hace manifiesta por el Espíritu. Los que no obran según la palabra de Dios, con el tiempo pierden la poca comprensión que poseen.

 

Por nuestra perseverancia, salvaremos nuestras almas (Lucas 21:19). Aprendemos la paciencia a través de las pruebas y, por medio del sufrimiento, desarrollamos la resistencia. Este proceso se desarrolla por medio de la justificación por la fe, gracias a Cristo y al amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

 

Romanos 5:1-5 1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (RV)

 

Romanos 5:1-5 1 Como hemos sido declarados justos por causa de nuestra fe, estamos en paz con Dios gracias a nuestro Señor Jesucristo. 2 Por él, hemos tenido acceso, por medio de la fe, a este don gratuito de Dios en el que ya estamos establecidos; y nuestro orgullo se funda en la esperanza de formar parte de la gloria de Dios. 3 ¡Todavía mejor! Tenemos orgullo incluso en nuestras penas, ya que sabemos que la pena produce la perseverancia, 4 la perseverancia conduce a la victoria, y la victoria en la prueba alimenta la esperanza. 5 O, nuestra esperanza no se teme a ser vencida, ya que Dios ha vertido su amor en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha concedido. (BDS-IBS)

 

Las pruebas producen pues la paciencia o la resistencia que, a su vez, produce la experiencia llamada carácter. De la experiencia o el carácter obtenemos la esperanza. No nos avergonzamos de nuestra esperanza ya que se nos ha concedido el Espíritu Santo por el amor de Dios.

 

La Bondad o la Amabilidad

 

La palabra hebrea para bondad es chesed. Implícitamente, significa la piedad cuando se dirige hacia Dios. Significa raramente (por oposición) el reproche o la belleza. De ahí, tiene el sentido complicado de favor, buena acción, con bondad, bondad, misericordioso, misericordia, piedad, reproche, o una mala cosa. El sentido siguiente de DHS 2619 es también el favor, como el nombre hebreo Hesed.

 

El término, utilizado en Gálatas 5:22-23 y traducido por bondad en la RV y por amabilidad en la BDS-IBS, es la palabra griega DGS 5544 chrestotes que se deriva de DGS 5543 chrestos que significa la utilidad, o sea la excelencia moral en el carácter o el comportamiento y de ahí, la dulzura, la bondad, la amabilidad. El sentido es pues una piedad y una dulzura natural que son, en consecuencia, capaz de utilizarse para la obra de Dios. Corresponde a una bondad intrínseca del carácter.

 

La Bondad

 

El sentido de la bondad es simple aquí. Se deriva de la palabra griega DGS 19 agathosune que significa la bondad como virtud.

 

La Fidelidad o la Fe

 

La palabra aquí es DGS 4102 pistis, que se deriva de DGS 3982 persuasión, o sea creencia. Moralmente, significa la convicción de la verdad religiosa o la veracidad de Dios o de un maestro religioso.

 

Tiene el significado especial de dependencia de Cristo para la salvación. En abstracto, significa la constancia en una determinada profesión. Por extensión, significa la confianza en el sistema mismo de la verdad religiosa. En consecuencia, tiene el significado de seguridad, de creencia, de creer, y a partir de ahí, de la fe y la fidelidad.

 

Por eso, uno de los frutos del Espíritu Santo es la fe en la verdad bíblica y en la palabra de Dios. La adhesión a la fe entregada una vez para todas se busca con diligencia y convicción. La negación de la inspiración de los textos bíblicos es por esto indicativa de un problema del individuo con el Espíritu Santo.

 

La Humildad

 

DGS 4236 se deriva de DGS 4235 sosiego. Implícitamente significa humildad.

 

El Control de Sí Mismo o la Moderación

 

La palabra DGS 1466 egkrateia [pronunciada engkratiah] se deriva de DGS 1468 egkrates [pr. engkratace] que significa ser fuerte en una cosa o magistral y, de ahí, significa el control en el apetito y la moderación. El significado de este derivado es el control de sí mismo y, particularmente, la castidad, que implica la retención del apetito sexual (ver el Oxford Universal Dictionary).

 

Hemos visto los tres pilares, el amor, la fe y la esperanza, pero el amor es el más grande. A partir del amor, desarrollamos a continuación estos otros frutos. Todo se basa o agarre conjuntamente por medio de la verdad. La verdad es el sello global del Espíritu Santo. A partir de la verdad, obtenemos estos otros conceptos de la alegría, la paz, la paciencia, la bondad o la amabilidad, de la fidelidad o de la fe, de la humildad y del control de sí mismo o de la moderación.

 

Estos elementos se siguen uno tras otro para unirse a la suma de las partes, que demuestran la obra del poder de Dios en el individuo. Cada uno de los elegidos sufre a través de las pruebas y tribulaciones en el desarrollo del carácter de Dios. El hecho de superar estos aspectos demuestra el desarrollo del Espíritu Santo en el individuo.

 

Podemos juzgarnos y juzgar a los otros por los frutos del Espíritu Santo. La sociedad nos juzga por los frutos del Espíritu Santo – lo que hacemos, lo que sale de nuestra boca y como actuamos con los otros. El fruto del Espíritu Santo es el poder real de nuestra fe y el centro de este amor se basa en la verdad. Si no tenemos amor, no tenemos nada. Es el fruto principal pero la verdad es el objetivo central ya que nuestro Dios es un Dios de la verdad. Todo está unido por la verdad pero el fruto del Espíritu Santo es ciertamente, primordialmente, una función del amor.

 

Otras lecturas:

 

Los Elegidos como Elohim [001]

 

El Dios que Adoramos [002]

 

El Ángel de JHVH [024]

 

El Espíritu Santo [117]

 

Los Mysterios de Dios [131]

 

Las Bendiciones y las Maldiciones [075]

 

 

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